11.21.2006

reflexión para un galán de hoy en día


Mucha gente afirma que los galanes de antes ya no existen, cierto o no, es el mensaje que va pasando por la corriente de opinión femenina. Si eres tú un tipo que se las da de valiente y que quiere rescatar el propio estilo de un caballero de mesa redonda esa imagen de ese "caballerismo" de antes, ese de las novelas que enamoraron a generación tras generación en este país y hasta a nivel internacional, pues tienes que reflexionar un poco más. Sí amiga, y esto va para ti también, en el caso de que estés saliendo con alguno de estos renegados que parecen salidos de la pluma de Delia Fiallo, así que presta atención porque quizá podrías sacar algún provecho de esto.

Por muchas cabezas masculinas ha pasado la supuesta brillante, original, valiente e inesperada idea de darle una serenata a sus novias, arrejuntes, con quien esté saliendo, Etc. Etc. Etc. Pero claro, es obvio que es una idea original porque realmente… ¿a quién se ocurre semejante barbaridad hoty en día? La respuesta parece evidente, pero para que no quede duda alguna al respecto y se llame la atención y sobretodo a la reflexión, es la razón de lo que viene a continuación.

Te vas para casa de la afortunada en tu carro o en el carro de quien vaya a ser cómplice de esto que estás haciendo, porque por supuesto, a pie a esa hora (tomando en cuenta de que la hora clásica para acciones como éstas, es la medianoche) no creo que tengas un buen recibimiento por parte del hampa común y menos con el propósito de ir a dar una serenata. Vas en el carro junto con quien quieras, pero a juro tienes que tener espacio para montar al trío de serenateros que vas a ir a buscar frente al Juan Sebastián Bar, que por una módica suma de dinero te darán un set de al menos tres canciones célebres de Los Panchos, como “Sabor a mí”, por ejemplo. De esas que sólo podrían ser cantadas por ellas de haber sido criadas única y exclusivamente por sus mamás y abuelas, causando por supuesto el efecto de conquista inmediato de esas señoras por tú demostrar ser ese hombre que toda madre, abuela, tía y madrina, sueña con que su hija, nieta, sobrina o ahijada, tenga a su lado –hasta que la muerte los separe-.

Por fin llegas a casa de la chama, pero como sabemos que hay más edificios que casas en esta ciudad, en este caso la cosa sería en un edificio. Paras el carro trancado la calle por todo el medio, a lo macho, Te bajas. Te paras frente al edificio por ahí por donde ella se pueda asomar y verte. Respiras profundo y les marcas a los músicos un, dos, un dos tres y pá! comenzó la función.

Empiezan a prenderse las luces de los edificios aledaños y poco a poco empiezan a prenderse las del edificio en cuestión. Inmediatamente se asoma la gente con un cacerola en la mano por la costumbre, pero al darse cuenta de la irregularidad y la posible alteración del orden público, podrían llamar a la policía, pero al final se dan cuenta de que prefieren disfrutar del show que estás haciendo.

Por fin se prende la luz del cuarto de la chama y sabes que lo peor que podría pasar es que se asome y te vea haciendo el ridículo como jamás lo has hecho en tu vida. Justo cuando piensas esto es que se asoma. Ahí mismo te percatas del embotellamiento que estás causando, y acto seguido empiezas a oír las cornetas de esos carros que no dejas pasar y alcanzar a oír repetidamente de la desaforada voz de los conductores los más variados y pintorezcos improperios que hacen referencia, de alguna manera u otra, a tu excelentísima y sagrada madre.

Ante esta adversidad decides seguir adelante y poner la otra mejilla cantando como nunca lo has hecho, porque aunque quieras tirar la toalla, tu cuerpo no te deja hacerlo como si fuera cómplice y colaborador de este inmenso bochorno. Igual, echarse “pa´tras´” a medio camino, no está muy bien visto. Hasta el final entonces.

Para ponerle un poco de amarillismo a la cosa, imagínate que esto no sea en una de las mejores urbanizaciones de la ciudad, y como es de costumbre en estos otros lados de la capital, lleguen unos cuantos indigentes y algunas damas de compañía (que a veces no son damas sino caballeros) y no contentos con verte, se te unen y esto se convierte en un musical tuyo junto con estos pordioseros y prostitutas, una escena muy digna de un extra de “El Observador” para que te vea cualquiera que estaba disfrutando de su función de su cine adulto o cine atrevido. Todos tus amigos y conocidos te estarán viendo entonces.

Escenarios posibles hay infinitos, y al parecer, todos te llevan al fracaso rotundo. Así que, amigo, hay otras formas. Hay lunes popular en los cines, el Parque del Este es bien económico, llévala a los museos, Etc. Etc. Etc. Y amiga, si eres víctima de un “oso” como este, digno de la columna “Trágame tierra” de la revista Tú, simplemente fílmalo y distribúyelo, y te darás cuenta que tener el original de un video tan comprometedor no sólo hace millonario al que la sacó a la luz pública el famoso y polémico video de Roxana Díaz.

PD: El de la foto no es más que nuestro Raúl Amundaray. Por su legado, un aplauso.

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